Resulta que el otro día, en un blog de los que frecuento (aunque no me acuerdo de cuál) encontré una referencia a un humorista recién fallecido del que no tenía la más remota idea. El individuo en cuestión se llamaba George Carlin. Picado por la curiosidad, y tras la visita de rigor por la wikipedia, me decidí a hacer una búsqueda en youtube, a ser posible subtitulado, por aquello de que, aunque en inglés me defiendo bastante bien, el lenguaje humorístico tiende a tener unos giros y una velocidad que hacen bastante dificultosa la comprensión a un no nativo.
Pues bien. Grandiosa epifanía. El sujeto en cuestión desgranaba todo lo que siempre he pensado y defendido con una claridad y un gracejo que yo, pobrecito de mí, nunca he sido capaz de aplicar a mi dialéctica.
Así que, niños y niñas, he decidido compartir tamaño descubrimiento con todos vosotros. Si sois sensibles a temas religiosos os aconsejo que no pinchéis en los vídeos que linko al final de esta entrada (en español, aunque en youtube puedes encontrar vídeos en portugués o italiano que son bastante fáciles de entender).
Y si pongo vídeos de youtube en mi blog, en contra de mi propio criterio es por un motivo: esta es mi última entrada.
Caput. Arrivederchi. Bye bye. Auf Wiedersehen. Adios.
En los últimos tiempos he tenido muy descuidado este jardín y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar. A eso hay que añadirle que el blog no cumple para nada las expectativas con las que fue creado (una tribuna donde decir las mayores estupideces posibles y descargar toda la bilis de la que fuese capaz).
Las visitas menguan y, de las 7.000 y pico que van hasta ahora, la mayoría son de la misma gente. Amigos y compañeros de trabajo a los que veo a diario. ¿Qué necesidad hay de un blog cuando me puedo expresar en mi vida cotidiana y llegar prácticamente al mismo número de gente al que llego por este medio? No hablemos ya de los comentarios a los posts. Media docena como mucho los que contestan con asiduidad (tomad asiduidad como eufemismo).
Me liberaré del coñazo de hacer un seguimiento de cuanta gente se cae por aquí, me liberaré del coñazo de pensar en algo para poner y que esto no se muera (porque al final te das cuenta de que te sientes culpable y te da mal rollo dejar que se muera).
Si a eso le añadimos que estoy a punto de añadir un nuevo dígito al de por sí elevado número que corresponde a mi edad (joder, que frase más retorcida), y de que en mi vida se van a suceder algunos cambios, no necesariamente negativos, pero bastante importantes, la decisión se hizo evidente. Llevaba dándole vueltas al asunto y por fin me he decidido.
No se si algún día volveré a la blogosfera (que término tan chic), pero si lo hago será bajo otra identidad, totalmente anónima hasta para mis allegados. De todas formas, lo dudo mucho. El blog va en contra de mi propia forma de ver la vida y al ser humano. Cuánta necesidad de sentir que no estamos solos cuando siempre lo estamos en nuestro propio cerebro, no importa los cientos que nos rodeen, cuantas conversaciones estériles al móvil, cuantos intentos desesperados de que te digan lo que molas en tu blog. Yo, en realidad, no soy así ni quiero serlo. Quiero poder estar solo y no sentirme fracasado por ello. Y por eso no entiendo como he aguantado casi año y medio.
Pues nada. Lo dicho. Que os dejo con el bueno de George. Que lo disfrutéis.
Nos vemos en los bares (mucho más sociable y 2.0, donde va a parar...).
Pues bien. Grandiosa epifanía. El sujeto en cuestión desgranaba todo lo que siempre he pensado y defendido con una claridad y un gracejo que yo, pobrecito de mí, nunca he sido capaz de aplicar a mi dialéctica.
Así que, niños y niñas, he decidido compartir tamaño descubrimiento con todos vosotros. Si sois sensibles a temas religiosos os aconsejo que no pinchéis en los vídeos que linko al final de esta entrada (en español, aunque en youtube puedes encontrar vídeos en portugués o italiano que son bastante fáciles de entender).
Y si pongo vídeos de youtube en mi blog, en contra de mi propio criterio es por un motivo: esta es mi última entrada.
Caput. Arrivederchi. Bye bye. Auf Wiedersehen. Adios.
En los últimos tiempos he tenido muy descuidado este jardín y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar. A eso hay que añadirle que el blog no cumple para nada las expectativas con las que fue creado (una tribuna donde decir las mayores estupideces posibles y descargar toda la bilis de la que fuese capaz).
Las visitas menguan y, de las 7.000 y pico que van hasta ahora, la mayoría son de la misma gente. Amigos y compañeros de trabajo a los que veo a diario. ¿Qué necesidad hay de un blog cuando me puedo expresar en mi vida cotidiana y llegar prácticamente al mismo número de gente al que llego por este medio? No hablemos ya de los comentarios a los posts. Media docena como mucho los que contestan con asiduidad (tomad asiduidad como eufemismo).
Me liberaré del coñazo de hacer un seguimiento de cuanta gente se cae por aquí, me liberaré del coñazo de pensar en algo para poner y que esto no se muera (porque al final te das cuenta de que te sientes culpable y te da mal rollo dejar que se muera).
Si a eso le añadimos que estoy a punto de añadir un nuevo dígito al de por sí elevado número que corresponde a mi edad (joder, que frase más retorcida), y de que en mi vida se van a suceder algunos cambios, no necesariamente negativos, pero bastante importantes, la decisión se hizo evidente. Llevaba dándole vueltas al asunto y por fin me he decidido.
No se si algún día volveré a la blogosfera (que término tan chic), pero si lo hago será bajo otra identidad, totalmente anónima hasta para mis allegados. De todas formas, lo dudo mucho. El blog va en contra de mi propia forma de ver la vida y al ser humano. Cuánta necesidad de sentir que no estamos solos cuando siempre lo estamos en nuestro propio cerebro, no importa los cientos que nos rodeen, cuantas conversaciones estériles al móvil, cuantos intentos desesperados de que te digan lo que molas en tu blog. Yo, en realidad, no soy así ni quiero serlo. Quiero poder estar solo y no sentirme fracasado por ello. Y por eso no entiendo como he aguantado casi año y medio.
Pues nada. Lo dicho. Que os dejo con el bueno de George. Que lo disfrutéis.
Nos vemos en los bares (mucho más sociable y 2.0, donde va a parar...).
George Carlin - Sobre los blancos.
George Carlin - El aborto.
George Carlin - La santidad de la vida.
George Carlin - La Religión
George Carlin - Salvemos el planeta - Subtitulos en portugués
